Petro en la politica internacional: la paz global como eje de "batalla"
Han transcurrido casi quince meses desde que se posesionó el primer gobierno progresista de la historia de Colombia, y asomarse a la maratón de acontecimientos desatados por la propuesta de transformación ya resulta una tarea apoteósica.
Cada mes (o incluso cada semana) se atraviesa en el camino una borrasca que impide ver el resto del horizonte, que nos impide pensar el conjunto de la gestión y el proyecto a largo plazo. En el esfuerzo por articular una mirada ampliada, empezaremos por asomarnos a la política internacional, intentando reconocer el boceto de la ruta de navegación.
Durante el mes de octubre, los medios de comunicación y los sectores del poder concentrado, intentaron usar el apoyo de Gustavo Petro a la paz entre Israel y Palestina como excusa para debilitar el gobierno. En las últimas semanas presenciamos un despliegue de vulgaridad diplomática cuando el canciller de Israel afirmó haber aplicado una “reprimenda” a los funcionarios colombianos, como si se tratase del enfrentamiento entre un hijo rebelde y un padre autoritario de una familia muy tradicional. Este hecho pone en evidencia la vocación colonizadora -compartida con Estados Unidos-, que busca condicionar las relaciones bilaterales.

La atrevida diplomacia internacional del gobierno colombiano que ha sorprendido al mundo entero, con múltiples decisiones de gobierno, no había encontrado hasta el momento tan visceral reacción, ni de los países implicados ni de los medios locales. La apertura inmediata de la frontera con Venezuela, las visitas recurrentes de la Vicepresidenta, el Embajador y el Presidente para promover la apertura de las relaciones comerciales sur-sur, sin intermediarios y la propuesta de aceitar los dispositivos de integración regional, han sido sólo algunas de las decisiones que han recibido el rechazo inmediato de la oposición, encabezada por los medios de comunicación y secundada por los partidos Centro Democrático y Cambio Radical. Pero ninguno de los posicionamientos anteriores había generado tal ensañamiento.
Si bien es una novedad que el pueblo colombiano preste atención a los hechos ocurridos en la zona palestino-israelí, no es sorprendente que la postura que se haya transformado en un conflicto nacional con profundas repercusiones. Principalmente por dos motivos: 1) Durante más de un siglo y hasta hace un año todos los gobiernos colombianos condicionaron su política internacional al dictamen de Estados Unidos y 2) el desconocimiento generalizado de las características del conflicto Palestino-Israelí facilita la desinformación y la manipulación.
No es la primera demostración de osadía de Gustavo Petro en materia internacional, pero sí es la primera en la cual se juntan dicha osadía con el desconocimiento generalizado de la población. Sin embargo, antes que reconstruir el detalle de la política del movimiento sionista israelí orientada a invadir el territorio palestino y desplazar a todos sus habitantes (dejamos algunos enlaces para quienes estén interesada/os: ¿Qué es Hamas?, La larga historia del conflicto entre Israel y Palestina), nos interesa recuperar una visión general del actual Gobierno colombiano: la paz global como único camino para reducir la contaminación planetaria, fomentar la distribución equitativa de los recursos globales y evitar la extinción de la especie.
Probablemente, muchos lectores y lectoras no hayan escuchado todas las intervenciones del Presidente Gustavo Petro, pero si se toman un tiempo para revisar algunas de sus alocuciones podrán encontrar que el riesgo de “extinción de la especie” -en esos términos-, es uno de sus temas recurrentes.
En concordancia con esto, tres tesis articulan su política internacional: 1. Los países que han generado el nivel de contaminación actual (interviniendo directamente todas las economías nacionales) son los mismos que han acumulado riquezas a costa de la destrucción del planeta, 2. Esos mismos países han utilizado históricamente la guerra para facilitar la transferencia de riquezas a su favor y 3. Si el circuito de destrucción no frena y no avanzamos hacia una diplomacia global de protección de la tierra, la humanidad sucumbirá en una política mundial de la muerte, del sálvese quién pueda. Las tres tesis se fundamentan en la crisis climática, los procesos de acumulación de riqueza, la trágica escalada de la migración por supervivencia a nivel mundial y en el deterioro progresivo de los dispositivos diplomáticos.
El primer paso que dio el gobierno en esta dirección fue la apuesta por la reconciliación económica y política con Venezuela, que aportó al reciente desbloqueo temporal de Venezuela. En simultáneo, avanzó con el desarrollo de la diplomacia amazónica con Brasil, Guyanas, Ecuador, Bolivia, Surinam, Perú y nuevamente Venezuela, y el rechazo a la política de OEA de aislamiento diplomático por motivos ideológicos. Continuó con la agenda propuesta de canje de deuda por acción climática que reta a Estados Unidos y a todo el poder financiero que basa sus riquezas en empobrecer a los países del sur. Adicionalmente, ha insistido con la propuesta de avanzar en una agenda de reconciliación para Rusia y Ucrania, de la mano con México. Y recientemente levantó la bandera histórica de respetar el pacto de la ONU de dos Estados (Palestina e Israel) para garantizar los derechos de ambos pueblos.
Si se analiza con detenimiento, la totalidad de las decisiones diplomáticas están orientadas al reconocimiento de la autonomía y dignidad de todos los pueblos, a la protección de la vida, a la justicia histórica y a la reconstrucción del tejido internacional. Nunca un gobierno colombiano se había atrevido a desobedecer las iniciativas de guerra impuestas por Estados Unidos, para, por el contrario, enfocar su política internacional a la defensa de la paz global. Es apenas natural que los partidos tradicionalmente sometidos al poder extranjero y sus medios escuderos reaccionen con incomodidad.
Petro y Márquez han construído una política internacional creativa y recursiva, que saca a la población colombiana de la problemática toma de bandos basada en las “reprimendas” de algún poder extranjero. Con estas decisiones el Gobierno Nacional ha logrado ubicar a Colombia en un lugar estratégico. Evita la lógica de la toma ciega de posición y marca la cancha, con criterio propio y conciencia histórica. La postura es la misma que la construida para la política interna: se orienta a la urgencia de proteger la vida.
