Teatro Popular a Media Noche
Dos vecinas de alcurnia se acomodan en un palco a observar el paso de los años, de las décadas. Los bailes del club del barrio, las elecciones, las reformas laborales y las contrarreformas, los anuncios presidenciales, la llegada de los militares y sus contramarchas, las persecuciones, las conversaciones del exilio, el retorno de la democracia, las bajadas y subidas de la economía, la resistencia en las calles y hasta la pandemia. En la práctica no sólo vemos las reacciones de las mujeres, la acción principal ocurre abajo y al contorno. Otros 98 actores recrean la historia.
Foto tomada de xx
Es muy difícil para un pueblo narrar su historia, exponer sus motivos, recordar los detalles, interpretar sus pérdidas y sus victorias. Un reto adicional, más complejo aún, es saber narrar en la euforia, hacer vivir al público la emoción y la tristeza, dar vida a la historia, hacerla presente, fusionarla con el dolor vigente y convertirlo en utopía. Si algo saben las y los argentinos es eso, narrarse, recrear los lugares de encuentro, enlazar la música con los hechos económicos, confrontar la historia oficial de los mandatarios con la historia comunitaria, dar rostro al desacuerdo y a la experiencia barrial del hecho político. Si algo sabe el pueblo argentino es narrarse, convertir la épica en inspiración.
El Grupo de Teatro Comunitario Catalinas Sur, es justamente eso, un proceso barrial, artístico y político, con 41 años de existencia, capaz de colocar 100 actores y actrices en escena y narrar 300 años de historia.
A continuación, presentaremos a ustedes_ “El fulgor Argentino: Club Social y Deportivo”_, la tercera entrega de una obra teatral triádica sobre la historia de Argentina. Y a través de esta aproximación, presentaremos también, la fuerza social de un proyecto de vecinas y vecinos autogestionados, capaz de organizarse, narrar su historia y atraer a centenares de espectadores todos los fines de semana.
La plebe entra en escena
El show empieza al llegar al "galpón", como ellos y ellas denominan a su sala de teatro. La fachada está llena de personajes coloridos en lugares icónicos del barrio La Boca, famoso por sus conventillos de colores que han alojado a varias generaciones de inmigrantes en la Ciudad de Buenos Aires. Una parrilla nunca puede faltar en una buena experiencia argentina, y obvio que en Catalinas Sur se disfruta de un excelente choripan como preámbulo. Múltiples conversaciones se escuchan al mismo tiempo alrededor del bar, todas las mesas están llenas y al galpón no le entra una persona más de pie mientras la audiencia y el elenco se refugian de la lluvia. Un grupo de actrices invitan a pasar a la sala, verifican las boletas y acomodan a las y los asistentes. Todo está listo para arrancar.
La obra comienza en 1930 con una contextualización en el palco, en la cual aparecen todos los personajes variopintos de la época: sacerdote, presidente, autoridad militar, empresario y esposas. Nos introducen una época, una estructura social y una hegemonía: una sola voz, la clase dominante. Dos esposas presentadas en esta primera etapa, se quedarán en el palco, ocupando el lugar de la clase dominante que juzga el transcurrir de los acontecimientos. Se trata de la representación de un tipo social, que se mantiene vigente durante los 100 años narrados. Ellas se adaptan al tiempo, cambian su estilo verbal y su vestuario conforme la época y adaptan la interpretación de la realidad según la conveniencia percibida. Otro elemento constante, es el Club de Barrio -mencionado en el título de la obra-, emblemático en la sociedad argentina, por ser el espacio de encuentro barrial a través del cual se construye comunidad. Pero también es uno de los entornos sociales en los cuales tuvo lugar el conflicto social que ha definido los últimos 100 años de la vida en esta nación: la entrada de las masas de trabajadores y trabajadoras a los centros de esparcimiento, formación intelectual y construcción de poder.
En Colombia tenemos noticia de estos clubes nada más que por los equipos de fútbol, pero en Argentina son espacios familiares en los cuales se realizan eventos sociales, y se aprenden deportes y artes. La población se aglutina alrededor del club, se asocia y vota, asiste a las fiestas, construye identidad y protege su territorio. El detalle de la experiencia social, entre el baile y las bebidas de cada época, los dramas románticos y la conflictividad social son narrados en la obra a través del Club del Barrio, empezando con la invasión de los “cabecitas negras”, que además de afiliarse al club ganan la elecciones.
Este primer giro dramático nos aproxima a dos componentes fundamentales de los acontecimientos argentinos del último centenario. En el plano social, representa la historia de la irrupción de la masa de trabajadores y trabajadoras en la política, la cultura y la ciencia, frente al esfuerzo inagotable de las clases dominantes por expulsarles nuevamente. Y en el plano artístico, continúa la tradición literaria, plástica y cinematográfica que narra -desde ambos bandos-, el impacto de las clases altas ante la llegada de los pobres a sus barrios, sus puestos de trabajo y sus espacios de recreación. El cuento más conocido alusivo a este fenómeno es Casa tomada de Julio Cortazar (A quien le interesa profundizar en el asunto puede remitirse a esta esclarecedora exposición de Pablo Feinman)

